En los últimos años ha surgido un nueva tendencia en el mundo editorial: la literatura de influencer. No se trata de escritores ni de textos literarios, sino de famosos y sus productos de marketing; un formato diferente con un tipo de lenguaje distinto y en un contexto completamente nuevo requiere una corrección fuera de lo habitual: el editing, un eufemismo y en inglés, para que sea tan moderno como los influencers. Independientemente de su calidad lingüística inicial, hay que respetar un universo concreto, el del autor, porque el lector va a buscar su idioma, su idiolecto, sus códigos. Además, hemos de equilibrar la calidad del texto y el cumplimiento normativo con las necesidades de un producto de marketing. Estamos ante un escenario por colonizar, por definir, y como profesionales de la corrección es nuestra obligación hacerlo, ¿quién lo va a hacer si no? Hay fronteras por definir, como la controvertida y estrecha línea entre el editing y la redacción o escritura. Es un melón que alguien tiene que abrir, y este es, sin duda, el momento, antes de que el hormigón del editing se seque y no nos deje modificar sus condiciones en el sector.

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